jueves, 13 de marzo de 2008

'Cultura de Bar?'

Recuerdo que hace algunos años, dejé el carro en taller y a la salida del trabajo aproveché la situación para volver a subirme a un micro, algo que no hacía hace mucho. Desde el paradero en donde bajé hasta mi casa pude haber tomado otro micro pues son cerca de doce cuadras, sin embargo ese día decidí caminar, cosa que por cierto, me gusta mucho. Luego de unas cuadras de caminata, me provocó, en lugar de ir a mi casa, pasar primero por el bar a tomar un par de cervezas como suelo hacer a menudo, además era mitad de semana y necesitaba paliar el estrés del trabajo y relajarme un rato escuchando buena música.  Un par de cuadras más allá me encontré con dos amigos del colegio y nos quedamos conversando un rato, ellos, al igual que yo, también salían de trabajar. Cuando me preguntaron que hacía por ahí, respondí alegremente, que acababa de salir del trabajo y que me estaba yendo al bar para tomar una cerveza; ellos respondieron al unísono, solo???...para luego empezar a hacer bromas acerca de que era un alcohólico o cosas por el estilo. No le dí mayor importancia, pero fue ahí en donde me dí cuenta que nuestra percepción social y nuestra capacidad de etiquetar a las personas no ha evolucionado en los últimos años y seguimos siendo los mismos 'conservadores reprimidos' de siempre. 

No hubo necesidad de convencerlos para que vayan conmigo, fueron ellos los que insistieron en acompañarme para que no esté "tomando solo". Vengo oyendo comentarios similares hace casi una década. Dejé de trabajar en bares hace aproximadamente cinco años para dedicarme enteramente a mi carrera, sin embargo jamás dejé de ser parte de la movida nocturna y de la bohemia limeña. 

Desarrollar un bar como tal, un pub o taberna en este país es difícil, no así una chingana un chupódromo o una discoteca (fuerte inversión). La gente relaciona estrictamente "bar" con la ingesta desmesurada de alcohol, lo cual esta en principio, alejado de la realidad. El bar es un fenómeno social que existe desde tiempos inmemorables y está firmemente adherido al desarrollo social de la raza humana. Un bar es por concepto, un lugar de reunión social en donde acompañado por una cerveza, un trago, o un piqueo, se comparten las experiencias diarias de los parroquianos, se debaten temas de actualidad o deportes, y se disfruta de un momento agradable antes de regresar a casa y recargar baterías para el día siguiente. El bar es pues, desde mi apreciación personal, una válvula de alivio ante el estrés cotidiano y una expresión natural de la vida misma, es y debe ser, en buena cuenta, un club social.
Es común ver en otros países, especialmente países europeos como cada barrio, incluso cada cuadra tiene uno o más bares a los que los vecinos acuden diariamente como parte normal de su existencia. 

Quiero dejar muy en claro que no es mi intención ni mi deseo promover con esto el consumo masivo y descontrolado de alcohol, sino más bien la idea es rescatar lo positivo e identificar el potencial de esta manifestación social y cultural que puede llegar a ser muy interesante y enriquecedora dentro de ciertos límites, como todo. 

Es comprensible que en nuestra sociedad no exista una "cultura de bar" pues la coyuntura nacional de las últimas décadas no brindó las  condiciones para ello, ya sea por la recesión económica, o bien por la inseguridad ocasionada por el terrorismo y delincuencia, o bien por las dictaduras que oprimían todo comportamiento considerado inmoral o amoral. Hoy en día, las condiciones para invertir están dadas, los peruanos podemos morirnos de hambre, pero plata para cerveza, nunca falta, es más es el "servicio público" mejor difundido, pues hay pueblos que pueden no tener luz o teléfono pero en sus bodegas no falta cerveza.

Si bien es cierto hay muchos bares con personalidad y creatividad, la mayoría de bares se hace llamar así pese a que en realidad no son más que tiendas donde el consumo de licor es la única actividad pero el ambiente carece de la atmósfera propicia y se pierde el espíritu y la esencia real de un bar. La mayoría de empresarios locales hace "bares" en donde la formalidad en el trato es su principal carta de presentación o en todo caso hacen "remakes" de típicos bares americanos o mejicanos, cuya calidad no es discutible pero más bien si lo es su originalidad. Es soso y aburrido ir a un lugar en donde no se puede conversar con el bartender o bien porque a este no le es permitido socializar o bien porque no tiene mayor capacidad que la de hacer tragos, que es algo para lo que francamente la oferta sobra. La prejuiciosa idea que beber (moderadamente) durante la semana después del trabajo y más aún estando solo es indicador de algún tipo problema en nuestra conducta, debe ser erradicada de nuestra mente y más bien debe de utilizarse a los bares como importantes incubadores de arte y cultura, pues es bien sabido que a lo largo de la historia ellos han servido como fuente de inspiración y escenario para innumerables artistas, hombres de letras, políticos y otros que en muchos casos han cambiado el curso de la historia. Salud por eso!!!



Todo pasa por algo...

Mi pasión por la cerveza nació, paradójicamente después de que naciera en mí la pasión por los bares. A mis 15 años, buscaba en la juerga del fin de semana , lo mismo que todos buscamos a esa edad y que algunos buscan eternamente, la pose, lo chic, el sentirse grande o mayor de edad, el afán por estar en todas, los lugares de moda y lo más "importante", impresionar a las mujeres. Ni siquiera sabía beber cuando le andaba diciendo a mi primo de 20 que me haga pasar a The Edge o a Tequila Rock (en ese momento no era lo que sabemos todos es hoy en día). Un buen día y ante mi insistencia accedió y fuimos para mi cumpleaños. Como era pata del administrador, entramos él, mi amigo Carlos y yo. Era un día de semana y había poca gente, recuerdo que lo que más me llamó la atención fue una mesera brasileña con un escote enorme y lo que estaba adentro tanto o más. La música fuerte no dejaba conversar y ni siquiera nos podíamos aventurar a bailar porque todas estaban acompañadas, fuera de decir que la propina alcanzaba solo para pagar un trago o 2 en el mejor de los casos. Ese día pasó sin pena ni más gloria que la de sentirme grande y creer estúpidamente que había entrado porque era algo especial y no porque le hicieron un favor al primito de un parroquiano. Debo confesar que esa fue la primera vez que percibí de manera subliminal, que ese ambiente discotequero, mercantil e impersonal era algo de lo que no quería formar parte. Pasaron los años y terminé el colegio. Aquí es donde me siento obligado a decir: "Todo pasa por algo". La situación económica de mis padres no me permitía estudiar una carrera en ese momento, así que haciendo un esfuerzo decidí invertir lo que había en cursos útiles y que a su vez me interesaran, decidí entonces matricularme en inglés, alemán y un curso de Técnicas de Bar que me pareció interesante. Pasó un año y finalmente me pude financiar una carrera y empecé a estudiar electrónica (no me pregunten por qué), pero la necesidad de tener algo de plata para mis salidas y gastos diarios me motivó a buscar un trabajo part time o de fines de semana, y para bendita coincidencia mi mamá me presentó a una amiga suya que era enamorada de un inglés residente en Lima, ella me comentó que el dueño de un bar al que ellos iban todas las semanas necesitaba un ayudante de barra, la idea me interesó inmediatamente y decidí llamarlo y presentarme. Recuerdo que cuando entré al bar era un lunes, había poca gente en las mesas pero la barra estaba llena de gringos hablando todos inglés, un cuadro que jamás había visto y jamás olvidaré. Me acerqué al bartender, un personaje sacado directamente de película gringa, alto, gordo y con cara de pendejo, le pregunté por el dueño y me lo señaló, al acercarme conversamos y me dijo que estaría de prueba ese fin de semana. La prueba duró más de dos años y cambió mi vida por completo. El bar, O´Murphys Irish Pub. El resto es historia.